.El Chacho
Vida y muerte de un caudillo


LEÓN BENARÓS

León Benarós


músicas de:

Adolfo Ábalos, Carlos di Fulvio, Eduardo Falú, Ramón Navarro, Carlos Vincent

1965


I.- EL ANUNCIO

LA PURA VERDAD
(Adolfo Armando Ábalos – León Benarós)
(baguala)

recitado:

La vida y muerte del Chacho,
ya nomás estoy cantando.
El cayó por su provincia,
nosotros, vamos andando.

cantado:

Mi general Peñaloza,
la pura verdad.
Mi general Peñaloza,
la pura verdad.
Padrecito de los pobres,
Padrecito de los pobres,
no quiera la suerte, nos llegue a faltar.

Se lleva atrás de su poncho,
la pura verdad.
Se lleva atrás de su poncho,
la pura verdad.
Los riojanos corazones,
Los riojanos corazones,
no quiera la suerte, nos llegue a faltar.

recitado:

Con nadita se ha quedado,
lanza y poncho solamente,
porque todo lo que tiene,
lo reparte con su gente.

Mi general Peñaloza,
por su vida, ¡cuídese!,
los humildes de La Rioja,
lo precisamos a usted.

cantado:

Los humildes de La Rioja,
la pura verdad.
Los humildes de La Rioja,
la pura verdad.
Lo precisamos a usted,
Lo precisamos a usted.

No quiera la suerte, nos llegue a faltar.
No quiera la suerte, nos llegue a faltar.

(grito)



II.- DE NIÑO A MOZO

 

CANCIÓN DE CUNA DEL CHACHO
(Carlos Vincent Gustavino – León Benarós – Juan Garre)
(vidala)

recitado:

Un niño nace en la Rioja,
¿Qué destino ha de tener?
Para defender su provincia,
¡montonero habrá de ser!

cantado:

Niñito de pelo ru...,
changuito de ojos celes...,
¡sosiégesee ya!.

Mi niñito de los lla...,
mi churito ángel Vicente.

Si se dormirá,
debajo del algarrobal.

Duérmase, pues, mi changui...,
mi clavelito elegi...,
de Guaja la flor,
para cuando se despier...,
fíjese que le trai...,

arrope y mistol,
se duerme la luna y el sol.

Ya viene la montone...,
mi niño ya está dormi...,
¿qué sueño hai´ tener?.

Se vera chul... y creci...,
levantando polvade...,
saliendo a vencer,
tal vez deberá padecer.

Tal vez deberá padecer.
Tal vez deberá padecer.



LA VICTORIA ROMERO
(Ramón Navarro – León Benarós)
(cueca)

recitado:

Ya ese Chacho Peñaloza
se viene ganando a mozo,
un amor le está ocupando
su corazón generoso.

cantado:

Dic’qu'ese Peñaloza
anda noviando.
Dic’qu'ese Peñaloza
anda noviando.

Tiempo que no lo han visto montonereando.
¿Quién será que le roba su voluntad?

Dic’que los ojos negros de alguna moza,
guerra le dan al Chacho, más que otra cosa.

Por esos jarillales ronda el amor.
Riojano amor,
ella es la flor,
de aquellos pagos.

Y el mocetón, con sencillos halagos,
jura su amor sincero,
a la Victoria Romero.

Dic’qu'ese Peñaloza, va pretendiendo,
Dic’qu'ese Peñaloza, va pretendiendo,
una moza de Tama, lo anda queriendo.

Ella es sencilla y pura, flor de cardo.
¡Linda la novia d’el Chacho,
alta y airosa!.

Moraba en los entreveros, tan valerosa.
Sabe mostrar agallas junto al varón.

Se va, se va, se va, se va.
Cueca riojana.

El Chacho va, con la novia en Anca,
y el juega la vida y fama,
por esa moza de Tama.



III.- MONTONEREANDO

 

DEJE, NOMÁS
(Adolfo Armando Ábalos – León Benarós)
(vidala chayera)

recitado:

Noticias de Buenos Aires,
para afligir han venido,
porque han de pelearlo al Chacho,
como si fuera un bandido.

cantado:

Dicen que se ha de venir,
deje, nomás,
tropa baquiana de allá,
deje, nomás.

Déle chumbiar y chumbiar,
sable largo, por demás.
Y que nos viene a topar,
el entrevero será de aguaitar...

Dicen que está por llegar,
deje, nomás,
esa tropa nacional,
deje, nomás.

Y que nos viene a mandar,
¡Vaya a saber si podrá!.
Gente del Chacho hallará,
le dificulto la facilidad...

Dicen que en la Rioja está,
deje, nomás,
esa tropa nacional,
deje, nomás.

Y que nos quiere allanar,
fiero les hemos de entrar.
Ha de quedar el tendal,
la polvareda y el viento, nomás.

Que sí será, si no será,
la polvadera y el viento, nomás,
la polvadera y el viento, nomás,
la polvadera y el viento, nomás.

(grito)



MONTONEREANDO
(Adolfo Armando Ábalos – León Benarós)
(chacarera)


recitado:

¡Tanto defender La Rioja!
¡Tanto luchar y luchar!
Destino de gente pobre
¡sufrir y montonerear!

cantado:

Guandacol, Chepaespetui, Malanzan,
tal vez esos lindos pagos,
no los veré más.

¿Dónde está la que un querer me juró?
Ella me estará esperando,
pero tal vez no.

Chañaral, Churquicardón, Retamal,
soy llanisto, soy del Chacho,
soy de La Rioja.

Pobre soy, soy montonero señor,
libres somos los riojanos,
libre seré yo.

 

Floro Cruz, Apolinario Mazán,
Pancho Argüello, Cleto Luna,
no los veré más.

Ptra vez, pecho el fusil donde esté,
es lo mismo, monte o cerro,
para morir pues.

Ya verán cuando se ofrezca pelear,
si medio la montonera,
se desempeñan.

Pobre soy, soy montonero señor,
libres somos los riojanos,
libre seré yo.



TRIUNFO DEL CHACHO
(Eduardo Falú - León Benarós)
(triunfo)

recitado:

¿Qué siente por ese Chacho,
la paisanada devota?
Lo sigue sin desertarse,
en el triunfo o la derrota.

cantado:

Yo no soy de estos pagos,
soy de La Rioja,
soy de La Rioja,

donde no tiene sitio,
la gente floja.
¡Qué digo! Soy de La Rioja.

Dicen que viene Sandes,
la polvadera,
la polvadera,

queriendo avasallar,
tal vez no pueda.
¡Qué digo! La polvadera.

¡Amalaya ese Chacho!
tan combatido,
tan combatido,

ofertando la paz,
sin ser oído.
¡Qué digo! Tan combatido.

Este es el triunfo, madre,
de los chachistas,
de los chachistas,

con La Rioja en el alma,
la lanza lista.
¡Qué digo! De los chachistas.




IV.- LA MUERTE DEL CHACHO

 

ZAMBA PARA EL CHACHO
(Ramón Navarro – León Benarós)
(zamba)

recitado:

En el corazón del pueblo,
Peñaloza quedará,
porque defendió su tierra,
porque era todo bondad.

cantado:

Ninguno se crea eterno,
todo es llegar y partir.
Miren ese Peñaloza,
y cómo vino a morir.
Miren ese Peñaloza,
y cómo vino a morir.

Así mataron al Chacho,
así fue su dura suerte.
Si le quitaron la vida,
no le acallaron la muerte.
Si le quitaron la vida,
no le acallaron la muerte.

Como que era zarco el hombre,
y libre entre sus hermanos.
Se le pintaba en los ojos,
todo el cielo de los llanos.
Se le pintaba en los ojos,
todo el cielo de los llanos.

La cabeza del caudillo,
queda en la plaza de Olta.
La soledad lo acompaña,
las estrellas son su escolta.
La soledad lo acompaña,
las estrellas son su escolta.

Ya Peñaloza no es nada,
ya la tierra lo recibe.
Y en el corazón del pueblo,
ya su memoria se escribe.
Y en el corazón del pueblo,
ya su memoria se escribe.

Como que era zarco el hombre,
y libre entre sus hermanos.
Se le pintaba en los ojos,
todo el cielo de los llanos.
Se le pintaba en los ojos,
todo el cielo de los llanos.



VISIÓN DEL CHACHO
(Carlos Di Fulvio – León Benarós)
(zamba)


recitado:

Por aquí ha pasado el Chacho,
con sus montoneros leales...
Crece una sombra de lanzas,
por aquellos peñales.

cantado:

La Rioja no te olvida,
un clamor por esos llanos va.
Y hay un reverberar
en la riojana soledad,
que alza tu visión, sombra fantasmal.
Y cuando la alta noche, crece sobre el jarillal,
gritos de un ayer se suelen escuchar.

Atiles, Tama, Olta,
Loma Blanca, Guaja y Malanzán,
mi tierra de algarrobos, Sañogasta y Achunvil,
viejo Guandacol, Solca y Chamical,
en sombras emponchadas, ya la luna ve crecer,
alzando de lo oscuro, todo un tacuaral.

Bravos riojanos, llanistos montoneros,
saquen las lanzas, prepárense a pelear,
la provincia fiel al Chacho,
no han de avasallar, no han de avasallar.
Sepan que cada pecho una muralla habrá de ser,
firmes hasta morir por nuestra libertad.

El Chacho, sombra ardiente,
otra vez nos quiere convocar.
Y viene de un recuerdo de tragedia y de dolor,
roto el corazón, desangrado ya,
pero desde la sombra nos empuja a resistir,
para defender la criolla dignidad.

Visión cabal del Chacho,
por añares largos vagará.
Los campos de La Rioja donde supo combatir,
no lo olvidarán, no lo olvidarán.
Las sombras de la noche su figura ven crecer,
inmensa como un alma noble y tutelar.

Bravos riojanos, llanistos montoneros,
saquen las lanzas, prepárense a pelear,
la provincia fiel al Chacho,
no han de avasallar, no han de avasallar.
Sepan que cada pecho una muralla habrá de ser,
firmes hasta morir por nuestra libertad.



LA MUERTE DEL CHACHO
(anónimo – León Benarós)
(romance)

recitado:

Cuente la copla de pueblo,
La muerte de Peñaloza.
Desarmado lo mataron,
así, nomás, es la cosa.

(romance)

Yo he visto gemir al tigre,
y vi llorar al quebracho,
han de dejar que les cuente
cómo mataron al Chacho.

Como varón se sostuvo
de la cabeza a los pies,
finó el doce de noviembre
del año sesenta y tres.

Con entereza total,
se allanó a perder la vida.
¡Digan si se vio en La Rioja
una estampa parecida!

Sesenta y cinco veranos
ya cuenta ese Peñaloza.
Ver su provincia invadida,
el corazón le destroza.

Ya de la riojana sangre,
el suelo nativo entintan.
las hartas canas al Chacho
en las sienes se le pintan.

Cuando en San Juan, la Victoria
le mezquinó sus halagos,
se sintió ese general
tironeado por sus pagos.

En llegando a Loma Blanca,
como quién va para Olta,
en el rancho de un tal Oros,
va a alojarse con su escolta.

El Mayor Pablo Irrazabal
los desbarata en Caucete,
va con orden de apretarlos,
pa’ ver si los somete.

Y respirando rencor,
con una saña de fiera,
para perseguir al Chacho,
destaca a Ricardo Vera.

¿Con qué ánimo ha de ver éste,
comisión que se le cuadre,
si el general Peñaloza
era su amigo y compadre?

Más bien iba, por si acaso,
a pactar la rendición,
por si ese Chacho,
acatara la fuerza de la nación.

Bajo una lluvia finita
con su gente, llega Vera,
desmonta y en un abrazo
con el Chacho se entrevera.

Y allí le dice: - Compadre,
su causa, es causa perdida.
Si usted se rinde al gobierno,
yo le aseguro la vida.

Ponga fin a sus trabajos
entre gente montonera.
Entréguese a la nación,
no es una fuerza extranjera -.

Como mirando a lo lejos
queda el Chacho fijamente
en su catre de algarrobo,
mateaba tranquilamente.

Por fin, por segura prenda
de aquel pacto tan sencillo,
en señal de acatamiento,
ha entregado su cuchillo.

Ya la mucha edada al Chacho,
su brío porfiado vence.
Ya con aquellas razones,
su compadre lo convence.

Un tal Regalado Campos,
chasca en esa situación,
va a dar a aquel Irrazabal
parte de la rendición.

Más llega el dicho Irrazabal,
con toda la rabia junta
y sin desmontar, a Vera,
- ¿Cuál es el Chacho? -, pregunta.

Y al saberlo, allí, nomás,
ciego de fiera venganza,
se le viene a Peñaloza,
y de un lanzazo lo avanza.

Rendido de buena fe,
pues hasta entregó el cuchillo,
en semejante ocasión,
¿Qué iba a hacer ese caudillo?

En mentira y felonía
todo se le trueca - pienso -
por darle seguridad,
lo lancean indefenso.

Mudos quedan de sorpresa,
quienes lo están contemplando,
se le hundió hasta la moharra,
y el asta quedó temblando.

Todavía moribundo,
pudo, firme, ser oído:
- ¡Cobarde! -, murmura el Chacho,
- ¡Matar a un hombre rendido! -.

Allí lo dejan, después de semejante atropello.
Tiene la boca entreabierta,
tiene un rosario en el cuello.

Como una tigra, llorando
de pena que la acongoja,
ciego de dolor, la Vito
con furia se les arroja.

Alguno, más comedido,
de un talerazo la acuesta,
cuando ese Pablo Irrazabal
suelta su rabia funesta,

y señalándolo al Chacho,
doblado en sus estertores,
grita, ese mayor sin hiel:

- ¡A ver! ¡Cuatro tiradores! -.

En un orcón de algarrobo,
el Chacho queda sujeto.
¡Ya le pegan cuatro tiros!
¡Ya el crimen está completo!

Y para que haya, señores,
de todo, como en botica,
a la cabeza del Chacho,
la exponen en una pica.

¡Lindo es salirle a la muerte
en cualesquier entrevero!
¡Pero otra cosa, es que a un hombre,
lo maten como cordero!

¡Ya se acabó Peñaloza!
¡Ya lo pudieron matar!
Tengan cuidado, señores,
¡no vaya a resucitar!



V.- LLANTO Y REGRESO

 

LLANTO POR EL CHACHO
(Eduardo Falú – León Benarós)
(chaya)

recitado:

Allá va, sombra del Chacho,
tal vez queriendo volver,
durando en los corazones,
sabiendo permanecer.

cantado:

El general Peñaloza, solo y perdido, me dicen que va.
El general Peñaloza, solo y perdido, me dicen que va.
Lloran las piedras también tristes de verlo pasar;
le tiende sus ramas el algarrobal.
El general Peñaloza, solo y perdido, me dicen que va.

Desde su tierra natal, como un jirón del ayer,
levantando lanzas siguen los riojanos,
la sombra del Chacho, que quiere volver.
Pregunta el quimil; responde el tunal:
la lanza del Chacho, tal vez volverá.

El general Peñaloza deja su sangre por el arenal.
El general Peñaloza deja su sangre por el arenal.
Sombra se quiere volver, rumbo de la soledad:
en Olta la muerte lo viene a buscar.
El general Peñaloza deja su sangre por el arenal.

El general Peñaloza ya se levanta de su soledad.
El general Peñaloza ya se levanta de su soledad.
Lanza que pide volver; árbol que quiere brotar.
La voz de los llanos lo vuelve a nombrar.
El general Peñaloza ya se levanta de su soledad.

Desde su tierra natal, como un jirón del ayer,
levantando lanzas siguen los riojanos,
la sombra del Chacho, que quiere volver.
Pregunta el quimil; responde el tunal:
la lanza del Chacho, tal vez volverá.

Tal vez volverá... tal vez volverá...




El Chacho - 1965

Jorge Cafrune

Buenos Aires - 1965

El Chacho - 1984

reed. 1984

 

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