.Canto a Magallanes


FERNANDO FERRER

Fernando Ferrer


Relato 1

¿Cómo imaginas tú, que Watawuineiwa,
hizo la tierra y el estrecho?
¿Cómo imaginas tú que apareció el susurro del viento y el silencio de la nieve?
¿Cómo imaginas tú que el indio se hermanó en el hielo; para habitar la pampa?
¿Cómo imaginas tú que el pionero enfrentó el desafío de construir la región?
Aquello que imaginas… es historia que contaremos



CANCIÓN DEL VIENTO

Oh, Oh, Oh…… Oh, Oh, Oh…
Oh,…… Oh,… (bis)

Oh,…… Oh,… (bis)
Oh,…… Oh,…Oh

En la pampa está el aliento
Que los siglos nos legaron
Aire triste... cual lamento
Tu presencia me ha formado.

Grande, noble, firme y fuerte como el roble que resiste
día y noche, tus embates sin sentirte, sin herirte
Afirmando sus raíces como el pájaro su nido

Nadie conoce tu rostro
Sólo tu soplo invisible
Pero yo se que eres fuerza,
Eres fuerza incontenible.

Desde siempre te he escuchado viento, viento,
gime y grita
Canta, canta, viento canta sopla y ruge viento canta
Para siempre aquí en tu reino tu poder perdurará.

Viento, viento, gime y llora
Viento, viento, canta, canta…

Esta es la historia que escribió el hielo con la sangre del indio, y el rubor del estrecho,
mientras Watawuineiwa creaba los fiordos y modelaba los canales.



Relato 2

Es la historia que el viento contó entre matas y coihues, sobre halcones y nieves, la que escuchó la pampa y el guanaco, el cóndor y el carancho, el ñire y el calafate. Esta es historia verdadera, escrita en las rojas auroras de la estepa, para que el ventisquero la guardara en sus paredes transparentes, esperando el día en que la conozcan todos.

Al recordar los días idos de la sagrada pampa, todo parece increíble, el permanente desafío del paisaje se equilibra en un todo melodioso, darle calor al frío y sequedad a la lluvia, tranquilidad al viento y templanza al temporal. Qué lejos están los días en que el estrecho nació y entre sus manos la tierra Watawuineiwa forjaba.



TROZOS DE CIELO


Watawuineiwa está desde el principio del tiempo
En su morada hay trozos de cielo y de mar.
Y sostiene en sus manos fiordos de hielo
Modelando el paisaje con libertad

Árbol que sólo estas junto a la piedra y al tiempo
Tus manos donde irán llorando en su soledad
Pampa que sola estás junto a la nieve
Tu savia vegetal no llegó al mar

Watawuineiwa está desde el principio y hasta el final
ya solo no estará en la inmensidad
Entre tus manos puso una semilla que germinó
Vida que floreció con libertad

Larala… Uh,uh…
Larala… Uh, uh…



Relato 3

En el principio fue el hielo o tal vez el viento, o quizás el agua, era cuando el indio corría desnudo por la inmensidad de la rebelde geografía, sin sentir vergüenza de su piel viento ni de su rostro escarcha.

Era cuando vivía entre los pastos duros de los eternos campos, como si fuera brisa o como si la brisa fuera indio, era cuando su orgullo recorría los mares, como veloz canoa llena de vida y de honor y su alma habitaba entre canales desparramados y altivos fiordos coronados.

Y el tiempo transcurría sin apuros, como si estuviese detenido únicamente allí…
Al principio era el hielo y el viento y el agua, pero por sobre todo, al principio era el indio.



COMO UNA BRISA

Corro desnudo sintiendo al sol
Tomo del aire una canción
El viejo viento me ha enseñado
Lo que soy yo.

He conocido el aire y la flor
La pampa el cerro en cada rincón
Con prisa sigo buscando el tiempo
En cada estación.

Ese soy yo, ese soy yo
No estoy desnudo
Aunque mi piel desnuda está

Como una brisa corro contento
Sobre la pampa no existe el tiempo
Sobre la pampa existe el silencio
Y ese soy yo.

Ese soy yo, ese soy yo
No estoy desnudo
Aunque mi piel desnuda está

Ese soy yo, ese soy yo



Relato 4

Pero un día llegó el bronce anunciando con ronquido de fuego la presencia barbada del bravo conquistador, el indio altivo miro a los cielos buscando una respuesta de Watahuineiwa, pero sólo hubo
silencio. Fue entonces que sintió vergüenza de su desnudez y presintió su tragedia. Ya no correría más junto a la brisa, ni palparía las tormentas. Su destino era esconderse y esperar, sólo esperar. Triste es la vida del indio si no tiene libertad.
El primer día de noviembre, año del Señor 1520, enormes velas azotadas al viento rasgaron la soberanía del indio… insolentes carabelas con muy seguro timón y más noble capitán surcaron las aguas vírgenes del más codiciado paso hacia las aguas del sur. Sobre la escuadra inmortal, el orgulloso marino Hernando de Magallanes, mira con ojos serenos y brillantes de emoción, el momento culminante de su promesa empeñada, pues con pendón español entregó a la vieja Europa el paso que prometió. Momento muy importante en la historia de los siglos… Que el mundo redondo es, lo confirmó aquella escuadra.



¿QUÉ PASA EN LAS AGUAS?

Qué pasa, qué pasa, qué pasa en las aguas
qué pasa en las aguas

¿Qué pasa en las aguas? ¿Qué viene allá lejos?
Misterios oscuros se acercan de prisa
Del agua han salido extraños gigantes
Alerta las tribus que callen los vientos.

Cuidado, cuidado, ¿De dónde aparecen?
Los hombres que llegan con lanzas de fuego
Brillantes sus pechos, la tierra han pisado
Cuidado, cuidado, debemos partir.

De lejos llegamos de España venimos
Con Cristo y la espada que noble camino.
El aire nos duele, Europa está lejos
No descansaremos hasta conquistar.

Papara, papara…



Relato 5

El estrecho descubierto, llevó la inquietud a Europa, pues apetitos nacieron entre los viejos imperios. Todos miraron al sur, allá lejos, en los hielos. La madre España celosa quiso sujetar deseos de aquellos que pretendían arrebatar sacrificios. El paso ha de ser cercado, con fortines resguardado, trabazones y atalayas construidas con cuidado. Así dispone el monarca con mucha seguridad y nadie discute el mando que emite su autoridad.

Fue hacia un grande capitán la orden recomendada, al triste Pedro Sarmiento, de suerte tan desgraciada. Muchos siguieron con él su destino tan aciago, y hasta el estrecho partieron deseosos de poblar y así mismo resguardar la gloria del Rey Felipe.
Dos poblados se fundaron con esfuerzos y esperanzas desparramando ilusiones que jamás florecerían. Aquellos tristes lugares llenos de gran sacrificio son hoy un altar eterno de profunda devoción, recordando a los primeros, que de hambre se quedaron para siempre, cara al Sol.



PUERTO DE HAMBRE

Cristo, Dios mío que está pasando
Que nadie llega voy a morir.
La noche inmensa me va envolviendo
Y en la agonía quiero llorar.

Si yo pudiera, cruzar los mares
Romper los hielos irme de aquí.
Ya la esperanza se desvanece
Señor del cielo vela por mí.

¿Qué es lo que dices?, no hables tan fuerte
Que el desaliento vas a causar.
Debes templarte, tener confianza
Que nuestro barco regresará.

No creo en nada muero de hambre
El frío horrible nos matará
No desfallezcas reza y confía
No creo en nada, reza y confía

Días temibles horas sin rumbo
El cruel destino nos matará
Puerto de Hambre pasa a la historia
Y su martirio recordarás.

En Rey Felipe crecen las flores
El viento pasa, pide perdón
El sacrificio, cruza los siglos
Y se recuerda con devoción.

No creo en nada, reza y confía
Reza y confía, reza y confía.



Relato 6

Largo tiempo transcurrió desde aquellos tristes días, antes que el blanco volviese a pisar tierras australes. Una vez más en la estepa vuelve a reinar el silencio, y la vida se convierte, en indio, hielo y espera.

Los años siguen pasando y Europa ha vuelto a sus cosas de continente avanzado. España cuida sus arcas, pues tambalea el imperio, y el lejano paso austral, es demasiado costoso, se han gastado muchas vidas y también muchos dineros que no han servido de nada.

El estrecho ha sido duro, mucho más de lo esperado, y mejor es olvidarlo por un tiempo prudencial, así las cosas planteadas debieron se de acordar.
La historia siguió escribiendo sus páginas poco a poco hasta que Europa miró de nuevo hacia el sur de la tierra. Mucho había que aprender, tanto debía observarse sobre el confín tan lejano que los imperios nerviosos comenzaron a enviar capitanes muy plantados y marineros curiosos.

En el siglo XVII, dos audaces holandeses largan las velas al viento y navegan para el sur, el tiempo amable con ellos les permite avanzar bien y llegando hasta el final, encuentran un nuevo paso que conecta las dos aguas. Es el año del señor 1616. En el viejo continente la noticia corre a prisa, y pronto todos se enteran de que existe una gran roca, cuyo nombre es Cabo de Horno.
España muy cautelosa y sin duda desconfiada hace enviar una flota con los hermanos Nodal, que pueda certificar lo que oye desde Holanda. Con resignación sentida debe aceptar la razón pues es verdad lo que dicen sobre ese nuevo peñón.

Sigue envejeciendo el tiempo sobre el alma del estrecho y la firmeza del roble, nada perturba el paisaje ni molesta el horizonte. De vez en cuando a lo lejos algún navío curioso llega a mejorar los mapas y a estudiar nuevas especies.
La opinión de los que pasan es bastante deprimente, no hay interés en los hielos y en las inmensas praderas, no hay interés en sus bosques tan cargados de generosas maderas. ¡Es una tierra maldita!, grita el ser civilizado, y solo el indio de lejos con la mirada en alerta, es centinela del tiempo, y compañero del viento.

Desde el Perú en Montalbán, llega un ruego entre la brisa, que primero suavemente, y después enronquecido, llena todos los lugares y mueve los corazones.
“¡Magallanes, Magallanes!”, es el doliente susurro en la voz de un inmortal tan grande como la historia, Bernardo O’Higgins Riquelme el que luchó en Chacabuco para darnos libertad y hacer de Chile Nación, respetada y respetuosa.
“¡Magallanes, Magallanes!”, es el rico testamento del que corona con gloria su recuerdo entre los grandes, el mensaje se agiganta y veloz cruza los aire para hacerse realidad. Llega a las islas chilotas como un impulso de fuego encendiendo los corajes y motivando deberes.
En una frágil goleta que denominan Ancud, comienza la expedición que al estrecho llegará, para culminar el sueño nacido allá en Montalbán. Con veintidós tripulantes y Juan Williams capitán, más de tres meses demoran para llegar al confín, y sucede que en Septiembre la noble goleta Ancud, alza emblema nacional en la Punta Santa Ana, es el año del Señor, 1843.



VENIMOS LLEGANDO

Con don Guillermos al mando
Venimos llegando desde Chiloé

Llegamos a esta tierra ‘tamos contentos
Puchas que el frío aprieta, también el viento.

Con don Guillermos al mando
Venimos llegando desde Chiloé

Ya pu’ doña Benancia
Páseme un vino
Pa calentar el cuerpo, a ver si así, yo me animo.

Con don Guillermos al mando
Venimos llegando desde Chiloé

Ya bajamos a tierra, llegan franceses
Jesús que largo el viaje, Más de tres meses

Con don Guillermo al mando…etc.
Los otros ya se fueron, Pues los echamos
Vamos a hacer un fuerte, Vamos, Villegas, vamos.

Con don Guillermo al mando… etc.

Con don Guillermo al mando
Llegaron, llegaron desde Chiloé



Relato 7

Aquellos bravos chilotes con mucho afán y esperanza, comenzaron los trabajos para construir viviendas que les dieran protección. Ya levantadas las casas y dispuesto lo demás, nació un pequeño poblado que llamaron Fuerte Bulnes. Allí trabajaron firme por conseguir alimento y cumplir con su mandato. Cada día que pasaba entre fríos inclementes y privaciones diversas, era un poema de lucha, de valor y patriotismo.

Don José de los Santos Mardones eficiente comandante, decidió que aquel lugar era demasiado rudo, pues la vida que llevaban resultaba tan sombría que no ofrecía futuro. El hábil gobernador salió a conocer la zona, y a poco andar, junto a un río que de carbón abundaba, decidió cambiar el fuerte y fundar otra colonia más segura y abrigada.
Entre el musgo humedecido de la pampa, y el lamido permanente de las algas, protegida por los cerros con diez casas de madera, veintitrés ranchos de paja y encerrada entre dos ríos, nació la actual Punta Arenas, junto a la orilla del mar. Esto sucede en Diciembre 1848.



PUNTA ARENAS

La tarde se está perdiendo
Junto al río del carbón
Las gaviotas alzan vuelo
Al vernos aparecer.

Don José Santo Mardones
Que es nuestro gobernador
Del fuerte nos ha traído
Para hacer una ciudad

Alisten pronto las hachas
Que el bosque hay que trabajar
Con sus maderas diez casas
Tendremos que levantar

A Fray Domingo le haremos
Capilla para rezar
Y una colonia tendremos
Junto a la orilla del mar

Punta Arenas la llamamos
Un día serás ciudad
Colonos, presos y guardias
Formamos la sociedad.

Don José Santo Mardones
Que es nuestro gobernador
Del fuerte nos ha traído
Para hacer una ciudad

A Fray Domingo le haremos
Capilla para rezar
Y una colonia tendremos
Junto a la orilla del mar

Punta Arenas, Punta Arenas,
Un día será ciudad
Punta Arenas, Punta Arenas
Junto a la orilla del mar.

Ah, ah, ah, ah... (4 veces)



Relato 8

Todo principio es muy duro, y más en tierras desnudas, pues son pocos los que quieren ser constructores de pueblos. Primeros fueron soldados, después vinieron colonos y más tarde los marcados, condenados del destino. Mucho costó en los albores dar forma a una sociedad, y conflictos muy terribles tuvieron que soportar.
Un tal Cambiazo Primero, y sus compinches sin ley, hicieron que Punta Arenas bañara en sangre su honor de colonia bien plantada, al mártir Muñoz Gomero, gobernador destacado lo asesinaron arteros, emisarios del pavor. Después de un tiempo penoso, lleno de gran de dolor, otro episodio siniestro resintió la paz a medias de la sociedad naciente, fueron rudos artilleros destacados en la zona que impusieron sus pasiones a punta de fuego y odio, rompiendo las ilusiones de los heroicos colonos. Pero las heridas cierran aunque dejen cicatrices y los golpes endurecen, fortaleciendo el orgullo. Lentamente aquellos hombres recogieron su coraje y aceptaron decididos el desafío planteado. Llenos de amor por la tierra y mirando al porvenir comenzaron a crecer, y de a poco cimentaron las bases de la región.

De las Malvinas lejanas, se trajeron las ovejas estallando el horizonte en una bendita estela de carne y de vellón sagrado. Y la pampa, fue balido y alimento y se hizo lana, y en todas partes rugió el impulso del progreso, como pagando de golpe el heroísmo empeñado por los bravos precursores. A lomo blanco de oveja con generoso vellón y roja carne alimento Magallanes despega.

Pero no bastan riquezas para establecer blasones, es necesaria la savia que solo el hombre provee.
Desde países lejanos llegaron gentes distintas buscando el nuevo futuro, dejando atrás sus aldeas, sus parientes, sus amigos, trasplantaron a los hielos sus hogares y esperanzas, trajeron a sus mujeres y sembraron en sus vientres el futuro del estrecho que a poco andar germinó en una raza distinta. Así llegaron los suizos y también los españoles, vinieron varios franceses, alemanes e italianos, pero los más abundantes fueron los rubios eslavos, que orgulloso se fundieron en bravo crisol de razas, formando una nueva estirpe muy vital y generosa.



TAMO DALEEKO

DALEKO KRAAI MORÁ
TAMO IÉ SE E LO MÓIE
TAMO IÉ YUBA MOIÁ (bis)

Brach, Split, War, y el adriático apacible, fueron recuerdo y nostalgia al pisar tierras australes.

Chilotes y yugoslavos, españoles y alemanes, ingleses, suizos, franceses, italianos, portugueses, de todo el mundo llegaron para formar nueva patria. Ellos son los pioneros, los primeros, los eternos, los que vemos todavía retratados en sus nietos, respirando en nuestras calles, caminando por las plazas, los que vemos todavía al mirar los edificios, cuando entramos al colegio, cuando vamos a la iglesia, al entrar al cementerio, aquí están ellos, muy presentes para siempre.



TIERRA Y PAN

Miro desde el barco la inmensa pampa mi nuevo hogar
He llegado desde lejos a este lugar.
Donde el viento me saluda tristemente
Con la lluvia mis recuerdos caen al mar
Y en las olas a mis playas llegarán.

Más, nace aquí, en el confín una nueva esperanza
De hacer brotar con mi mujer
Los frutos de este suelo

Y mañana al fin mis hijos tendrán
Tierra y pan

Al morir la tarde tras de los cerros el mismo sol
que en mi tierra me alumbraba con calor.
Ya se esconde enrojecido y lentamente
Sin sentir hoy su tibieza como ayer
Despertando en mi nostalgia por volver.

Más, nace aquí, en el confín una nueva esperanza
De hacer brotar con mi mujer
Los frutos de este suelo

Y mañana al fin mis hijos tendrán
Tierra y pan, tierra y pan
Tierra y pan,
tierra y pan

Más, nace aquí, en el confín una nueva esperanza
De hacer brotar con mi mujer
Los frutos de este suelo (bis)



Relato 9

Viene un quejido en el viento que flota sobre el estrecho, todos mirando hacia el mar se preguntan confundidos que está pasando allá en frente, Tierra del Fuego la isla, la que recibió abundante la semilla generosa del padre watawineiwa, abre su seno de pronto y estremece el continente, un borbotón ronco y fuerte que despierta los silencios, hace que el cielo reciba la llamarada del sueño. Desde Springhill, Manantiales, el grito rompe la historia y la tierra se sacude con su parto generoso. ¡Atento Chile dichoso!, Tierra del Fuego parió, pues el petróleo brotó.



ROMPE QUE ROMPE

Rompe que rompe la tierra rompe
Rompe que rompe rompiendo está

Por una herida abierta que abrió el duro metal
La sangre negra fluye como si fuera un manantial.

Rompe que rompe la tierra sangra
Sangre que a Chile alimentará
Rompe que rompe sangrada herida
Como un torrente naciendo está
Rompe que rompe la tierra rompe
Desde la entraña brotando va.

Rompe que rompe la tierra rompe
Rompe que rompe rompiendo está

En la preciosa isla que generosa es
Surge bendita llama como una antorcha de libertad.

Rompe que rompe la tierra arde
Fuego que estalla en la inmensidad
Rompe que rompe los hombres buscan
En esa llama la claridad
Rompe que rompe la tierra rompe
Desde la entraña brotando va.

Anda con Dios caminante, que aquí la historia concluye, y lo que tú imaginaste, se termino de contar.



Relato 10

Al partir, quiero decirte que en Magallanes, mi tierra, poco son los que se animan a llegar y continuar, lo que tanto costo hacer. Por eso, al agradecerte, la gentileza tan fina de haber escuchado atento el relato que termina, ofreceré una oración que resume lo contado. Ojala, los más pequeños, los que nos vienen siguiendo, sepan valorar la herencia que a nosotros nos dejaron, y que un día entregaremos.



ORACIÓN POR MAGALLANES

Yo te rezo, Señor, por Magallanes
yo te pido, mi dios, por su futuro
esa orgullosa tierra conquistada
por caminos que tú mismo trazaste.
Entendemos que el pan nuestro, generoso,
es el frío que sentimos cada día.
Coronada con la nieve y con el viento.
Comprendemos muy bien nuestra presencia
entre hielo y Coirón es nuestra lucha.
No nos dejes, Señor, que en tentación caigamos
de abandonar la tierra que nuestros viejos nos legaron.
Haznos firmes que así te lo pedimos
en memoria de aquellos que forjaron
al patrimonio grande que heredamos.
Con profunda fe esperamos
a los que vendrán después,
cuando nosotros, cansados,
debamos dejar la lucha.
Aquellos que nos reemplacen
deben llegar con coraje,
con amor, con esperanza,
y recogiendo de frente al desafío entregado,
que no olviden a la gente que ha dejado el corazón
en esta tierra tan bella donde no calienta el Sol.

Creo, Señor, en Magallanes
creo en sus fiordos, sus canales,
sus ovejas, su petróleo,
creo en su gente valiente,
campesinos, obreros, marineros,
comerciantes y mineros
del petróleo y estudiantes
ganaderos, caminantes
trabajadores de Chile,
que entre los hielos y el viento
hacen su patria y su vida.

Creo también en sus mujeres
laboriosas y leales
que en su vientre majestuoso
llevan el fruto glorioso del futuro regional.
Creo, creo en sus ciudades, Señor,
Punta Arenas y Natales,
Porvenir, Cerro Sombrero,
Cullen, Williams, Manantiales,
y también en Posesión.
Creo en Cacique Mulato,
Río Seco, Onaisín.
Creo en Cerro Dorotea
y en las estancias australes.
Ellas son fértil reflejo
del esfuerzo acumulado
entre la escarcha y la nieve,
entre la lluvia y el viento.
Dios te salve Magallanes
tierra de heróicas jornadas,
de pampa, madera y lana,
¡dios te salve Magallanes!,
por los siglos de los siglos,
¡así sea... así sea!

cantado:

Lara Lara la…… etc. (bis)
Lara Lara……… etc.

Creo, Señor, en Magallanes
tierra de lucha y esperanza
fragua de hombres y destinos
hechos de frío y valor (bis)

Lara lalara… etc.

Creo Señor, creo Señor,
creo Señor en Magallanes.




Canto a Magallanes - Taller Alturas

Canto a Magallanes
Taller Alturas

índice de Cantatas
principal

atrás

© 2011